revoltillo de ideas

mi blog de recetas de cocina y experimentos varios con Thermomix (y sin ella)

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Crema de champiñones

Que hace frío? pues nada mejor que una cremita como esta, que te quita el sentío.

En casa nos gusta así, suave y ligerita. Cuando hacemos crema de champiñones, es relativamente fácil que nos quede con “demasiado” sabor a champiñón, demasiado densa, al menos para nuestro gusto, así que decidimos hacerle unos pequeños cambios y ahora sí, en casa es todo un éxito de audiencia. A la niña le enloquece, me dice… más champinyonets mami, más más. Así que… vosotros mismosssssssss, yo no me la perdería!

Crema de champiñones

Coste : muy económico (menos de 5€)

Tiempo total: 20 minutos

Ingredientes: 4 personas

  • 250 gr. champiñones
  • 1 cebolla pequeña
  • 50 gr. aceite
  • 450 gr. caldo de verduras
  • 200 gr. leche
  • 80 gr. nata
  • 1/2 vasito de vino blanco seco
  • zumo de 1/2 limón
  • un diente de ajo
  • sal
  • pimienta
  • virutas de jamón serrano
  • virutas de queso parmesano

Elaboración:

– Poner el aceite en el vaso, y a continuación añadir la cebolla, el diente de ajo, y los champiñones. Picar 3 segundos, velocidad 4.

– Bajar los restos de las paredes, y rociar con el zumo de limón exprimido. Programar 7 minutos, temperatura 100, velocidad cuchara, retirando el cubilete.

– Añadir el vino blanco y dejar que evapore, programando 5 minutos, temperatura 100, velocidad cuchara, sin cubilete.

– Añadir el caldo de verduras y la leche, y cocinar durante 8 minutos, temperatura Varoma, velocidad cuchara. Cuando falten 2 minutos, añadir la nata por el bocal.

Triturar 1 minuto, en velocidad progresiva, 5-10, cuidando de tapar con un paño la tapa, sujetando el cubilete, para que no salga expulsado y podamos sufrir quemaduras.

– Servir en los platos, adornando por encima con las virutas de jamón serrano y las de queso parmesano (estas últimas yo las hago con el pelador de patatas y quedan fantásticas).

– Un chorritico de aceite y… a disfrutar!!

Bueno, pues nada más, deseo que os guste, y espero vuestros comentarios.

Mónica G.

 

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escudella con pelotas

Comería escudella todo el año!!! Con esto creo que sobran las palabras, me declaro absolutamente fan de este plato catalán, humilde, sencillo y exquisito donde los haya.

Es un plato imprescindible del día de Navidad, donde la tradición es presentarlo en dos tiempos, es decir, primero tomar el caldo en sopa con su pasta de galets (tiburones – pequeños todo el año, y gigantes en Navidad), y de segundo la “carn d’olla”, o sea, todas las carnes y verduras, los avíos de toda la vida, vamos. Aunque en mi casa siempre hemos hecho un pequeño cambio, y es que, en lugar de preparar una única “pilota” grande como se acostumbra a hacer, nos gusta más hacer pelotas tamaño albóndiga (de hecho las hacemos más pequeñas) y , en lugar de sacarlas de segundo, siempre las hemos tomado en la sopa.

Mi variante importante llega en el momento en que decido comenzar una dieta, disociada para más señas. Esto implica la prohibición de mezclar en una misma comida hidratos y proteínas, por lo que se convierte en un plato imposible para mí. La escudella lleva patatas, garbanzos, carne, pilotes, pasta….. ay de mí!.

Así que un día decidí probar a hacerla exactamente igual que la he hecho siempre, pero prescindiendo de los alimentos prohibidos, que en este caso fueron las patatas, los garbanzos y la pasta. Y ya puestos a aligerar, eliminé también algunas carnes: la ternera, la botifarra blanca y la botifarra negra. Sin mucha convicción, reconozco que soy animal de costumbres, pensé, bueno… por probar…

El caldo quedó impresionante, con el mismo saborcito de siempre. El problema, y gordo, estaba en la sopa. Eso de no ver ni un triste galet, en aquel mar de caldo (por muy bueno que estuviera) y pelotas, me deprimía. Lo solucioné incorporando las verduras a la sopa, y de ese modo conseguí el “cuerpo” que necesitaba en el caldo, así que pude olvidarme (definitivamente, no, eh?) de mis queridos galets.

escudella amb pilotes

Coste: económico (menos de 10€)

Tiempo total: 3 horas

Ingredientes: 6 personas

Para el caldo:

  • 1 hueso de jamón fresco, hermosote
  • 1 hueso blanco (de rodilla)
  • 1 hueso fresco (de culata, caña, o rodilla)
  • 1 oreja de cerdo previamente salada, cortada en 5 ó 6 tiras
  • 1 hueso de espinazo bien carnoso, con su tuétano
  • 1 carcasa de pollo
  • 2 muslos de pollo
  • 4 zanahorias
  • 3 puerros
  • 3 ramas de apio
  • 2 nabos medianitos
  • 2 chirivías medianitas

Para las pelotas: 

  •   1 kg. pasta de salchicha, de cerdo. Yo la compro en una charcutería que ya la venden así, preparada con todas las especias incorporadas, y a granel, exactamente igual como venden la carne picada.
  • 2 huevos
  • 2 cucharadas soperas de pan rallado
  • un chorrito de leche

Elaboración:

– En primer lugar, tenemos que “agenciarnos” con una olla grande, pero bien grande. La que yo utilizo es de 10 litros.

– Llenar 3/4 partes con agua, y llevar al fuego. Con el agua fría, incorporar todos los huesos (los salados, tener la precaución de lavarlos previamente, para retirar el exceso de sal) y las carnes.

A medida que se va calentando y comienza a hervir, desespumar constantemente, retirando esa capa “sucia” que se va formando, con un cucharón.

– Durante todo este proceso, aprovechamos para cortar las verduras y formar las pelotas.

– Para las pelotas, cogeremos un bol grande, y añadiremos a la carne picada dos huevos enteros, amasando bien con las manos para que queden bien integrados. Ahora añadiremos dos cucharadas soperas de pan rallado y un chorrito de leche. Volvemos a amasar y, dependiendo de la consistencia que tengan, será preciso añadir un pelín mas de pan o de leche. A mí particularmente me gustan bien jugositas y casi nunca suelo añadir más pan, pero siempre deben poder mantener la forma, para que no se desboronen al hervir.

Para que no se nos enganchen a las manos cuando vamos formando las pelotas, lo que haremos es prepararnos un vaso con agua al lado. Nos mojamos la punta de los dedos (de una mano, no es necesaria de las dos), y nos humedecemos las palmas de las manos. Ahora podemos tomar la porción de carne necesaria y darle forma tranquilamente, sin que se nos quede continuamente pegada. Repetimos la operación cada 2 ó 3 pelotas, o cuando veáis que ya se comienza a enganchar.

Dejamos las pelotas en un plato aparte, esperando su turno.

– Cortar las verduras como más os guste. Yo suelo cortar las zanahorias, los puerros y el apio a rodajas finitas. Los nabos y las chirivías los corto a dados medianitos.

Reservar.

– Cuando el agua en el que tenemos las carnes hirviendo ya se ve limpia, es el momento de añadir el resto de ingredientes. Yo me ayudo de este utensilio, que me resulta muy útil para no mezclar los ingredientes, pues como vamos a cocer muchísimo tiempo, acaban deshaciéndose y no me gusta tener que andar después “escogiendo”. De esta forma queda todo bien separadito y se cuece exactamente igual. Es algo parecido a una flor, adaptándose a la medida de tu olla. Yo lo pongo sobre las carnes, y encajado al diámetro de la olla. Sobre esto pongo las pelotas, una por una, para que no se me deshagan, y por último las verduras.

– Seguir desespumando hasta que vuelva a quedar el caldo limpio.

– En todo este tiempo el fuego lo tengo al máximo, para que hierva bien el caldo, integrándose todos los sabores. A partir de aquí, como lo normal es que haya evaporado bastante, rellenamos hasta cubrirlo todo, prácticamente a dos deditos del borde, pero ojo, con agua caliente.

– Esperar que vuelva a hervir, y ya podéis tapar la olla y bajar el fuego a una temperatura suficiente como para que no deje de hervir, pero no “a lo loco”, que vaya haciendo.

– El tiempo total desde el primer hervor hasta que apago el fuego, más o menos será de unas 3 horas – 3 horas y media.

– Retirar las verduras y las pelotas con una espumadera o cucharón primero. No intentéis levantar el colador con todo encima porque lleva demasiado peso. Yo pongo las pelotas, las verduras y el caldo que necesito en los platos, y el resto (verduras, pelotas, y caldo) lo guardo en un tupper gigante y a la nevera.

– Con la cantidad de avíos que ponemos, hay sustancia como para preparar un montón de caldo. El problema es que, por el volumen de éstos, nos sale poca cantidad de caldo. Y me da pena, que la vida no está para despediciar nada. Qué hago yo? Pues una segunda tanda. Es decir, dejo las carnes en la olla (las pelotas hemos quedado que se quedan en la nevera) , vuelvo a llenar hasta las 3/4 partes con agua caliente, y vuelvo a hervir, unas 2 horas más, junto con una pastilla de avecrem. Evidentemente, este paso es totalmente opcional, vosotros decidís.

– Cuando ya tengo la segunda tanda de caldo bien rica, lo que hago es colarlo, pues me gusta el caldo bien limpito, sin restos de nada. Lo voy pasando en tuppers, y al congelador. Rescato la carne de los huesos de espinazo, la oreja y muslos de pollo, y la reservo para unas ricas croquetas de cocido.

Y desde entonces, vuelvo a estar tan contenta como antes con mi versión de escudella.

Y le sigo llamando escudella porque, a pesar de haber eliminado por completo la carn d’olla, el sabor se mantiene como siempre, al igual que mi sensación de felicidad. Objetivo cumplido!!!

Mónica G.

 

Pero antes de despedirme, tengo que daros algunos consejos y advertencias:

  • las pelotas las hago con carne exclusivamente de cerdo, porque quedan más tiernas y jugosas que mezclando con ternera. Mi hija las de-vo-ra literalmente.
  • si no encontráseis la pasta de salchicha de la que os he hablado, es tan sencillo como comprar salchichas frescas y retirarles la piel. Un truqui para que la piel salga sola, es abrir el grifo de agua al mínimo, que tan sólo salga un hiliiiiiito, y mojarlas. Hacer un corte con un cuchillo sin sierra de arriba abajo y… voilá, al retirar la piel veréis que sale completamente limpia.
  • los puristas de la dieta disociada, observaréis que hay dos alimentos de los que deberíais prescindir: el pan rallado y la zanahoria. Yo lo he puesto tal cual lo preparo yo, que soy una inconsciente jajaja, y a partir de aquí que cada cuál dé rienda suelta a su locura.

Crema de calabaza con toque de queso azul

Me encantan las cremitas!

En esta época del año suelo preparar muchísimas veces, porque no hay nada que me reconforte más que cenar calentito y rico, cuando se tiene el cuerpo “arrecío”, como diría mi padre.

Hoy os muestro esta cremita de calabaza, con un ligero, muy ligero, toque de queso azul, un “que si es, que si no es”. Evidentemente, podéis abusar poniendo un poco más si sois muy amantes de este tipo de queso. A mí particularmente me encanta, pero en este caso no quiero que predomine su sabor, por lo que lo pongo con mucho tiento.

Para acabarla, he encontrado algo que para mí ha sido todo un descubrimiento, y me gustaría compartirlo con vosotros. Un buen amigo mexicano, además de increíble cocinero (Bogard) terminaba algunas de sus cremas con unas tiritas de tortilla de maíz (de maíz ehhh, nada de trigo) bien crujientes. Diosssss qué buenas. Como diría Arguiñano, me fascina ese cris-cris. El caso es que una no siempre tiene tortillas de maíz a mano listas para freir, de manera que cuando las vi envasadas, ya cortaditas, fritas, ligeramente saladitas, listas para usar, me tiré de cabeza. Y vaya si están buenas. Para mi gusto podrían ser un pelín mas gruesas, pero vamos, con la papeleta que me han solucinado, no se me ocurrirá ponerles una pega!! Además el paquete viene con autocierre, con lo que se mantienen crujientes muchísimo tiempo. Os enseño una foto:

Bueno, pues creo que no me dejo nada, vamos con la recetilla.

Crema de calabaza con toque de queso azul

Coste: muy económico (menos de 5€)

Tiempo total: 30 minutos

Ingredientes: 4 personas

  • 700 gr. calabaza ya pelada, sin pepitas
  • 650 gr. agua
  • 1 puerro (sólo la parte blanca)
  • 100 gr. panceta ahumada (yo la utilizo preferiblemente al bacon, porque tiene más sabor y está más sequita)
  • 60 gr. queso azul
  • 60 gr. queso fresco de vaca
  • 60 gr. aceite de oliva virgen extra
  • 1 hoja de laurel
  • 2 cucharaditas (medida postre) de orégano
  • 1/2 paquete de tortillas fritas Fresh Gourmet
  • sal y pimienta

Elaboración:

– Calentar 3 minutos el aceite, temperatura Varoma, velocidad 1.

– Añadir el puerro a rodajitas, junto con la panceta cortada a cubitos pequeños. Sofreir 4 minutos, temperatura Varoma, velocidad 1.

– Incorporar la calabaza cortada en cubos medianitos, junto con el agua, la sal, el orégano y la hoja de laurel. Dejar cocer (sin triturar) 20 minutos, temperatura Varoma, velocidad cuchara.

– Al acabar el tiempo, comprobar que la calabaza está tierna, retirar la hoja de laurel, y triturar 30 segundos, velocidad 7.

– Añadir los quesos, y terminar de triturar 2 minutos, velocidad 10. Recordad que, si no queréis, o no podéis, esperar a que se enfríe un poquito antes de triturar, para evitar salpicaduras que nos podrían hacer mucho daño, pondremos un pañito cubriendo la tapa y el cubilete, presionando suavemente.

– Rectificar de sal y servir calentita, adornando con las tortillas fritas, o picatostes si así lo preferís.

A que es fácil?? Pues venga, animaros que en este tiempo sienta la mar de bien.

Mónica G.

Salmorejo light no… lo siguiente

Estar casada con un gaditano tiene muchas cosas buenas. Una de ellas es que, para comer según qué cosas, no distinguimos entre verano e invierno. Eso es exactamente lo que nos pasa con el salmorejo. Lo comemos siempre con la misma devoción.

Este salmorejo es un poquito diferente al original. Hemos probado a prepararlo de muchas formas intentando aligerarlo, hasta que hemos dado con esta, nuestra definitiva. Los más puristas se llevarán las manos a la cabeza… ¡un salmorejo sin pan, eso ni es salmorejo ni es ná!. Y siendo honesta, pues para qué nos vamos a engañar, lo mismo, lo mismo, no es. Pero da el pego. Y no sabéis de qué manera.

Ahora ya me he acostumbrado de tal manera a tomarlo de esta forma, que cuando lo hago preparado a la manera tradicional, siento como una mezcla entre placer-remordimiento (os ha pasado alguna vez?) que realmente no sé hasta qué punto me compensa. Por eso me he pasado a la cera de enfrente, así, sin remilgos, con valentía… y olé!

Así que ya sabéis. Todo depende de la cantidad de calorías que queráis meteros en esos cuerpos serranos. Si sois de los que, como yo, tenemos que andar con cuidadín, no os vais a arrepentir ni por un segundo. Y si sois de los afortunados (sí, sí, me dais envidia, lo reconozco públicamente) a los que no les importan las calorías, pues ya tenéis otra opción para poder escoger. Todo es cuestión de probar, no?

Salmorejo light no… lo siguiente

Coste: muy económico (menos de 5€)

Tiempo total: 15min.

Ingredientes: 4 personas

  • 1kg. de tomates bien carnosos y maduros (yo suelo utilizar los de pera, o los de ensalada si estamos en temporada)
  • 1 zanahoria grande, pelada
  • 2 dientes de ajo
  • 20gr. picos camperos de jerez (aprox. 6 unidades)
  • 20gr. vinagre blanco
  • 80gr. aceite de oliva virgen extra
  • 2 huevos duros picados
  • jamón serrano picadito
  • atún o, preferiblemente, melva canutera de almadraba, desmenuzado
  • sal

Elaboración:

– Poner a cocer los huevos en una olla aparte, y picar.

– Poner en el vaso los tomates partidos por la mitad (con piel y todo, no importa) y triturar 20 segundos, velocidad 5.

– Incorporar la zanahoria a trozos, los dientes de ajo (habiéndoles quitado previamente el nervio, o germen, del interior), el vinagre y la sal.

– Triturar ahora todo programando 2 minutos, velocidad progresiva 5-7-10.

Con la máquina en velocidad 3, verter el aceite sobre la tapa (con el cubilete puesto), para que vaya cayendo poco a poco, hasta que esté perfectamente emulsionado (2 minutos suelen ser suficientes).

– Añadir los picos camperos, y volver a triturar 20 segundos, velocidad 10.

Notas:

Los huevos, el jamón y la melva se presentan en platitos aparte, individualmente, para que cada cuál se sirva lo que más le apetezca.

Y si, aparte de todo esto, lo acompañamos con unos bastones de berenjena… entonces, directamente, como dice mi gaditano, “se te caen dos lagrimones” jajaja.

Bueno, pues hasta aquí la receta de nuestro particular salmorejo. Espero que lo disfrutéis.

Mónica G.

 

p.d.: prometo poner la receta de los bastones de berenjena otro día. Merece la pena.

 

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